La ultraderecha se consolida en Francia con Le Pen y Zemmour como abanderados

La líder de Agrupación Nacional remonta en los sondeos y aspira a repetir en la segunda vuelta frente a Macron

MADRID, 7 Abr. (EUROPA PRESS) –

Las elecciones francesas de 2002 supusieron para Francia el despertar definitivo de la ultraderecha como realidad política. Dos décadas más tarde, dos candidatos conservadores radicales, Marine Le Pen y Éric Zemmour, aspiran a pasar a la segunda vuelta en un escenario donde los partidos tradicionales siguen sin recuperar el protagonismo perdido.

La familia Le Pen ya ha estado presente en dos ocasiones en esta segunda vuelta: en 2002 de la mano de Jean Marie, fundador del Frente Nacional, y en 2017 con su hija y heredera política. El patriarca logró 5,5 millones de votos y Marine Le Pen casi duplicó esta resultado, superando los 10,6 millones de sufragios a su favor.

Cinco años más tarde, Marine Le Pen vuelve a la carga con el que ella misma ha prometido que será su última candidatura presidencial. Lo hace al frente de una formación renovada, ahora Agrupación Nacional, y después de unos años en los que ha tratado de deshacerse de su imagen de radical para venderse como alternativa realista.

No en vano, tanto socialistas como conservadores mantuvieron durante años un ‘frente republicano’ que, en la práctica, supuso una alianza frente cualquier riesgo de que la ultraderecha tocase poder. Este cordón sanitario se ha desdibujado a medida que los partidos tradicionales han ido perdiendo fuelle, aunque en realidad ahora el riesgo sea mayor.

De hecho, Le Pen ya logró la victoria en las elecciones de 2019 al Parlamento Europeo y los sondeos la sitúan segunda en intención de voto para la primera vuelta de las presidenciales de este domingo, sólo por detrás del actual presidente francés, Emmmanuel Macron, que aspira a la reelección al frente de La República en Marcha.

También Zemmour figura en el grupo de cabeza en las encuestas, junto a otros candidatos como la conservadora Valérie Pecresse o el izquierdista Jean-Luc Mélenchon. En su caso, no tiene experiencia política, pero su salto de las tertulias televisivas le permitió entrar como un huracán en la campaña.

Zemmour, que promete «salvar» Francia con un discurso de tintes xenófobos, llegó a estar segundo en los sondeos, si bien la burbuja se ha desinflado parcialmente. Entre sus aliados confesos más simbólicos figura Marion Maréchal Le Pen, exdiputada y sobrina de Marine Le Pen.

Para la líder de Agrupación Nacional se trata de una traición «incomprensible», aunque este giro realmente lo que deja en evidencia es que por primera vez hay dos candidatos radicales de derecha con opciones de sumar varios millones de votos en las urnas. Los analistas discrepan a estas alturas de si Le Pen se beneficiará de una especie de ‘voto útil’ al figurar por delante en los sondeos y con una tendencia al alza.

LA «BANALIZACIÓN» DEL MENSAJE

Con una izquierda desdibujada y la socialista Anne Hidalgo sin opciones, salvo una sorpresa de manos de Mélenchon todo apunta a que Macron tendrá un rival de derechas en la segunda vuelta. El presidente ha defendido en sus contados actos públicos y entrevistas en que él es el único capaz de frenar al «tándem» de Zemmour y Le Pen, especialmente a esta última.

Asimismo, ha lamentado la «banalización» del discurso de la ultraderecha y ha señalado que «respetar» los proyectos que presentan no puede ser óbice para exponer «cuál es la realidad». «Si decimos que es un programa amable, como los otros, no es de extrema derecha, todo va bien», declaró recientemente.

En la izquierda, varios candidatos han acusado a Macron de ser él mismo quien está dando alas a la extrema derecha. La socialista Anne Hidalgo deslizó en una entrevista que el mandatario querría convertirse en el único candidato razonable en «un paisaje político totalmente explotado» y esto, a su juicio, es «jugar con fuego».

Lo cierto es que Macron, que aspira a pescar de nuevo en caladeros de votos a izquierda y derecha del espectro político, se erige como cortafuegos frente a dos candidatos que se han visto abocados a equilibrios dialécticos y políticos para hablar de la guerra en Ucrania, uno de los ejes clave de la campaña.

Agrupación Nacional se vio obligada a retirar miles de folletos en los que aparecía una imagen del presidente de Rusia, Vladimir Putin junto a Le Pen, pero a esta última estas antiguas compañías parecen no haberle pasado factura y tras un arranque complicado –tanto a ella como a Zemmour les costó conseguir los avales necesarios para oficializar sus candidaturas al Elíseo– ha tratado de hacer valer su programa electoral.

Con un discurso algo menos radical en ciertos temas –por ejemplo ya no reclama la salida de la UE ni del euro–, aún mantiene señas como el refuerzo de la seguridad o la lucha contra la inmigración, para lo cual propone un referéndum. En materia económica, plantea rebajas de impuestos y privatizar la radiotelevisión pública, entre otras medidas.

Zemmour y su movimiento Reconquista también aspiran a convocar una consulta sobre inmigración, seguridad y justicia y propone suprimir la reagrupación familiar de migrantes. Como Le Pen, plantea rebajas fiscales, mientras que en el ámbito continental quiere que la UE pase a ser una «Europa de naciones».

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